lunes, 31 de mayo de 2010

El año que fui cocinero


Cuando llegas a una edad pareces conocerte muy bien a ti mismo y tus limitaciones. Sin embargo, no hay realidad más falsa que la que nos rodea, porque nos limita y condiciona. Nos acota con sus clichés y la vanidad no nos permite romper los moldes que nos rodean porque asumimos que damos el 150 por cien de nosotros mismos. Este año me propuse un reto que no podía superar, algo que nunca entendí y que no me gustaba, aprender a cocinar. Los principios fueron desastrosos porque no hay ningún blog ni libro que haya leído que empiece desde cero, algo así como “cocina para dummies”. Cuando no sabes hacer un huevo frito o freír un filete, empezar a cocinar es cuando menos ciencia ficción, solo tenéis que leer una receta para daros cuenta que en toda receta se asume que sabes cuando terminas un paso y debes dar el siguiente por un mecanismo incomprensible que nadie acierta a explicar. Tengo que agradecer al cocinero fiel sus videos que cuelga en YouTube y al canal cocina por hacer que la cocina un lugar más accesible para manirrotos como yo. Debo de agradecer también mi primer postre a Iñigo Pérez, con una receta de “Copa de mousse de chocolate al caramelo crujiente con arroz”. Supongo que fue la explicación de Iñigo lo que me hizo ponerme el delantal y encender el fuego, a partir de ahí todo se fue complicando porque las texturas, los olores y el vapor te nublan la receta y estas dudando constantemente si tienes que sacar el baño maría del fuego, si tienes que incorporar más nata o simplemente el tiempo de espera hasta que se enfríe. Todos los pasos fueron un mundo de dudas y desesperado acabé la receta dejando un amargo olor a chocolate fundido recorriendo toda la casa. Cuando lo probé no podía entender como estaba tan bueno con un proceso tan tosco y sin tener ni idea de lo que estaba haciendo en cada momento. Un segundo intento para comprobar si esto era tan fácil me dio mi primera lección de cocinero, al redactar los pasos de la receta ya eliminé algunas cosas de la primera receta cayendo en aquello que tanto me molestaba de las recetas, simplificar el proceso porque asumes que dé un paso a otro solo hay una manera de llegar, “cada maestrillo tiene su librillo” lo cual limita a todos los que cocinan porque repiten procesos constantemente asumiendo que lo que ellos hacen es la forma correcta de cocinar. Posiblemente esa segunda experiencia fue más enriquecedora que la primera porque disfrute con los olores, fui capaz de relajarme ante la mouse rebañando el cazo con el dedo y disfrutando de todos los pasos del proceso y me dí cuenta que el amor puede contar pero lo que realmente hace la diferencia es una buena receta.
Lo que más me sorprende de la cocina es la cara que ponen los demás cuando comen algo que has preparado. Será el carácter latino pero la cara de lujuria alimenticia que ponen algunos frente a un plato no tiene desperdicio, lo segundo es que todo cocinero hace preguntas sobre lo que come y te da aportaciones de como lo hace él, creando una especie de comunidad entre cocinillas que tiene sus propias reglas y jerarquías. No sé dónde está el límite y creo que tampoco lo quiero saber, solo quiero disfrutar en el proceso de aprendizaje y esto va por la cocina y todo lo que me depare el futuro.

Un año fui cocinero, quizá el que viene me toque ser astronauta.